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Circunstancias Especiales

Pobreza entre los creyentes

Los que tenían menos buscaban más al Señor, no por interés del pan material sino del pan espiritual que viene sólo de Dios, quien es el dador de todo bien. Todos aquellos hermanos eran trabajadores y luchaban con sacrificio para sostener a sus familias. En nuestra congregación establecimos una pequeña caja de beneficencia que usábamos para ayudar en casos de extrema necesidad, pero a veces resultaba más pequeña aún ante las emergencias que se presentaban. El pastor Ray Jones, misionero americano de las Asambleas de Dios, contaba con más recursos para ayudar a los pobres y allí enviaba a algunos para que recibieran la ayuda necesaria; teníamos un acuerdo de cooperación mutua para servir a la comunidad y a los hermanos, ya que compartíamos la fe en Cristo.

Una salud quebrantada

Habían pasado más de cinco años desde enero de 1952 cuando terminé el servicio militar en San José de Chiquitos; durante todo este período nunca caí en cuenta que tenía una persistente infección intestinal de amebas, pero a pesar de los síntomas, el médico al que consulté en Bolivia no se dio cuenta del problema y tampoco lo hizo uno al que fui a ver en la Argentina. Nunca me sentí pleno de salud, me faltaba energía y perdía peso constantemente; al final, mis problemas estomacales empeoraron y tuve que ir a consultar a un doctor en Tarija, quien me diagnosticó esta enfermedad. El tratamiento de este doctor tuvo poco efecto y aprovechando un viaje a La Paz fui a la Clínica Americana y el Dr. Marshall me recetó un tratamiento severo que duró un año, pero me sanó totalmente.

La persecución nunca estuvo ausente

Los Tarijeños son amables y pacíficos por naturaleza pero de vez en cuando alguien venía a patear la puerta de mi vivienda o interrumpía los cultos nocturnos con gritos de amenaza y luego, salía huyendo.

Las incomodidades de un verano caliente

Durante el verano corrían aguas cristalinas por el río Guadalquivir y debido a las incomodidades de mi vivienda me trasladaba allí a lavar la ropa y nadar un poco. Este lugar, también era propicio para tener días de campo con los niños y jóvenes.

Una sorpresiva y grata visita

Un 12 de febrero de 1957, llegaron sorpresivamente mis compañeros de estudio del Seminario Teológico Bautista Internacional de Buenos Aires. Ellos sabían, por la correspondencia que les enviaba, que estaba abriendo una nueva obra en Tarija. ¡No podía creer que Eduardo Font, Lizardo Pérez y Juan Skisian me hubieran hallado en mi cuarto! Y ellos, ¡no podían comprender las condiciones en que vivía! Habían emprendido una gira por algunas ciudades de Bolivia y durante tres días me ayudaron con mensajes evangelísticos y visitación a los hermanos. ¡Fue toda una bendición! Cuando llegó el día de su partida, los despedimos con tristeza.