Dificultades Del Obrero Cristiano
Dificultades económicas y de comunicación
La Unión Bautista Boliviana tenía severas limitaciones económicas para ayudar a los obreros. Me pagaba un ínfimo salario de 350.000 pesos mensuales que equivalían a $us 30.00 que no eran suficientes para vivir y además los cheques llegaban sólo cuando el avión arribaba si el tiempo lo permitía o no había huelga del Lloyd Aéreo Boliviano, la única aerolínea que venía a Tarija. A veces, alguno de los hermanos tenía que prestarme unos pesos hasta que llegara la remesa para el pago de sueldo, alquiler y demás gastos. Las ofrendas que se recogían en los cultos eran escasas porque los niños y jóvenes no tenían recursos, pero los pocos miembros adultos con que se contaba contribuían de todo corazón para los gastos de la obra naciente.
La asistencia a los cultos se incrementó a un promedio de 50 personas y todas nuestras reuniones recibían la generosa bendición de Dios.
La última casa a la que me trasladé fue vendida y me vi forzado a desocupar sus instalaciones; era la tercera vez que me trasladaba. Los Baracat me ofrecieron una habitación que se hallaba en el mismo lugar que el local de cultos; tenía un dormitorio, una pequeña cocina y un baño común para todos los inquilinos.
La continuidad de la obra en Tarija estuvo en peligro
El 10 de junio de 1957 recibí una carta y todo en ella indicaba que mi noviazgo con Elena Martínez iba a terminar irremisiblemente. La distancia y la oposición de la familia de ella habían abierto una enorme brecha. Aquellas noticias llegaron cuando se había logrado un gran progreso en la obra, por lo cual mi corazón se llenó de ansiedad, enojo y desaliento; me sentí como el profeta Elías en el desierto y parecía que Satanás iba a triunfar en su afán de sepáranos y destruir el plan de Dios para nuestras vidas. Todo lo que habíamos planeado en oración se estaba desvaneciendo. ¿Sería que nuestra honesta búsqueda de la voluntad de Dios no era correcta? ¿Era esto una prueba más que vencer? Me quedé confundido y herido y pedí permiso a la directiva de la Unión Bautista Boliviana que me reemplazaran en forma temporal en Tarija hasta que arreglara mis problemas con mi novia. Durante aquellos días dolorosos este versículo venía una y otra vez a mi mente: “Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios.” Lucas 9.62. Me sentía culpable y fracasado. Los nuevos creyentes oraban por mí y me apoyaban fielmente.
En aquellos días de prueba el Señor me confirmó que era correcto: servir en su obra con prioridad y amar a Elena; a veces los pastores nos dedicamos de lleno al trabajo y olvidamos nuestra responsabilidad para la familia y nosotros mismos.
Sostuve una conferencia radial con los pastores Ridgway y Phillips, quienes me sugirieron que viajara a La Paz para hablar con Elena, haciendo previamente una parada en Cochabamba. El 13 de junio de 1957, tomé un avión militar (TAM) que volaba de Tarija a Villamontes y luego de Camiri a Santa Cruz. Llegué a Cochabamba al atardecer para cenar con los misioneros Phillips. Al día siguiente tuve una reunión con David Phillips, Walter Ridgway y la Junta Ministerial de la UBB para tratar el asunto de la continuidad de la obra en Tarija. Me dijeron que la Junta de Misioneros consideraría enviar temporalmente al misionero Douglas Moore para reemplazarme.
El sábado 15 de junio de 1957 tomé un tren a La Paz en compañía de los misioneros Augusto Clavijo y Rubén Valdivieso. Su compañía me hacía sentir más fuerte y animado para confrontar el problema con la persona que más amaba después de Dios. Estaba dispuesto a aceptar que nuestra relación terminara, pero era necesario que resolviera aquello personalmente. Después de todo el problema ya había durado más de 4 años y medio. Llegué a La Paz para confrontar la realidad con Elena Martínez. Era importante que tomáramos una decisión no sólo en base al resentimiento y las demás emociones, sino buscando una vez más la voluntad de Dios para nuestra vida. Sabía que esta decisión afectaría positiva o negativamente nuestra vida y futuro.
Me quedé en La Paz un mes y medio más o menos. Elena y yo tuvimos suficiente tiempo para hablar y reconectarnos mental y espiritualmente después de un largo noviazgo idealizado y a larga distancia. En este tiempo me enteré que Elena había pasado por una crisis espiritual que coincidió con su año de provincia en la Posta Sanitaria de la Iglesia de Villa Victoria, donde era enfermera y asistente del pastor Saldías.
Durante este tiempo en La Paz ayudé en algunos programas de la Radio Cruz del Sur y prediqué en las iglesias. El 17 de julio de 1957 fui a Cochabamba para asistir a una reunión de la Junta Ministerial a cuyo cargo estaba mi destino como pastor de la UBB; algunos miembros de la Junta mostraron una actitud idealista y legalista, siempre es posible atar cargas pesadas a otros sin levantar un dedo uno mismo. Los pastores y misioneros son instrumentos de carne y hueso y no ángeles. Muchas veces, los siervos de Dios creemos que somos supernormales, olvidando nuestra fragilidad.
La Junta me pidió que volviera a Tarija para continuar la obra que durante mi ausencia estaba siendo atendida por un misionero. Acepté la petición y escribí en mi diario lo siguiente: “Una vez que acepté retornar a Tarija mi corazón se llenó de gozo, paz y también tristeza porque me alejaría otra vez de Elena, dejando todo en las manos de Dios.”
“El 30 de julio de 1957 tomé un tren a Villazón y continué en autobús hasta Tarija. En la estación me recibieron el pastor Douglas Moore y los hermanos de la congregación, quienes me llevaron de inmediato a la casa de los Galarza, donde habían preparado una fiesta sorpresa para darme la bienvenida.”
Le doy gracias al Señor que me sostuvo firme en aquel tiempo de prueba. Muchos amigos, hermanos y la misma Junta de Misioneros me animaron y ayudaron en gran manera para que la obra en Tarija no quedara abandonada. A continuación copio la carta que escribí a uno de los laicos que ayudaba al misionero en los cultos.
La Paz, julio 1957
Señor
José Lens
TarijaMuy estimado hermano en el Señor:
Por intermedio de la presente quiero saludarlo en el nombre de nuestro amado Salvador, deseándole éxito en su trabajo y la dirección de cultos en nuestro local. Estoy orando diariamente por ustedes y me encuentro mejor aunque mi problema no está totalmente solucionado.
Querido hermano, le ruego que salude a todos los hermanos en mi nombre, espero que cumplan como cristianos con sus obligaciones dentro de nuestra congregación. ¿Cómo van los cultos? Confío en que cada uno esté cumpliendo con el horario asignado para el Señor.
Todavía no estoy seguro cuándo llegaré a Tarija, pero estoy contento de que el pastor Moore me esté remplazando entre ustedes. La Misión está tomando mayor interés en la obra de Tarija y ya está en camino para conseguir dinero para la compra de un lote o una casa en Tarija. A pesar de nuestros problemas personales Dios no deja de bendecir su causa que tiene que seguir adelante a pesar de cualquier obstáculo. “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.” Mateo 24.35
Me quedaré en La Paz unos días más para solucionar mi problema en buena forma: “… a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien…” Romanos 8.28. He estado orando mucho para vencer esta prueba con victoria. No sé aún qué camino me mostrará el Señor, pero si estamos en su vía él nos guiará al éxito. Sigan orando por mí y mi posible retorno a Tarija.
Si ustedes quieren escribirme háganlo a la casilla 86 de Cochabamba. Sin más por el momento y en espera de su amable colaboración me despido con un fuerte abrazo, que Dios les bendiga a todos, saludos a todos los hermanos y en especial a los hermanos Uriza.
Su hermano y pastor que lo estima mucho.
Juan Águila V.
Todos los seres humanos están sujetos a pruebas
Los siervos de Dios confrontamos la soledad cuando el desaliento se apodera de nosotros, entonces tenemos que recordar que el poder viene del Señor. Durante este tiempo he aprendido a encomendar la vida de Elena y la mía en las manos de Dios que tiene el control de nuestro pasado, presente y futuro.
Después de retornar me dediqué de lleno a la obra de Dios en Tarija.
Hoy, después de haber celebrado nuestro aniversario de 50 años de casados, estamos de acuerdo en que el Señor unió nuestras vidas para servirle. Elena ha sido mi compañera idónea en la obra todos estos años, ¡valía la pena luchar para buscar la voluntad de Dios para nuestras vidas y la vida de nuestros hijos!